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El grupo resulta un buen lugar para enfocar y movilizar distintas cuestiones, especialmente todo aquello que aparece cuando interactuamos con los demás.
Resulta potenciador a la hora de afrontar las dificultades que cada uno necesita revisar y las que suelen presentarse al relacionarnos con los otros, como la vergüenza, el miedo, el conflicto o el rechazo, la necesidad de atención, entre otras.
El grupo enriquece a nivel individual cuando se presta atención en poder estar con nosotros mismos y con el otro, sin tantas máscaras y por consiguiente en contacto con la autenticidad. El grupo también facilita el apoyo y sostiene lo que acontezca. Y sobre todo facilita ver en los otros, espejos dónde reflejarnos.
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